domingo, 23 de julio de 2017

El banquete celestial



Este autor sorprende fuera y dentro de las páginas. Donald Ray Pollock se dio a conocer con Knockemstiff (2008), una colección de relatos crueles pero absorbentes por su nervio narrativo. Luego llegaría “El diablo a todas horas”, una novela en la misma línea, magnífica(me gustó tanto que cuando vi en la biblioteca, sección novedades, el libro que nos ocupa hoy, lo agarré rápido y con avaricia, mirando a un lado y otro por si alguien me quitaba “mi tesoro” aunque tratándose de literatura no hay mucho que temer).
El amigo Donald se pasó la vida trabajando en un matadero y en una fábrica de papel, de peón. Treinta y un años de currante no especializado. Un gran lector, eso sí. A los cincuenta dejó la faena y se puso a estudiar literatura creativa. Y el estudiante fue tan aplicado que con su primera obra ya le llegaron los premios. Tiene en su haber reconocimientos tan prestigiosos en Norteamérica como el PEN/Robert W. Bingham Prize y una beca del Guggenheim Fellowship.
Importan más las ganas que la edad. Imagino que también el talento.
Porque esta novela, como en todos sus escritos coge de modelos a los habitantes de su pequeño pueblo y los traslada a 1917 para servirnos una historia que mezcla el western con la aventura con la comedia con la historia con… en fin, mezcla todo de forma tan natural que no parece un pastiche. El ritmo es frenético y si conoces lo que hacen los hermanos Cohen en cine ya sabes a qué atenerte con este tipo. También me recuerda a “Sin perdón” de Eastwood en el sentido de que nadie es bueno al cien por cien, toda persona tiene su lado oscuro. Cualquiera esconde una maldad que me recuerdan a esa película y un poco también a la realidad. Sí, casi todo son hombres como en esa película, parece que hoy toca virilidad desatada. Pero las pocas mujeres que salen se adaptan también a ese patrón (vuelve a recordarme a la película) salvo algún alma bondadosa como la de la granjera Eula.
Cuatrocientas páginas en las que deben salir más de cincuenta personajes con sus respectivas historias y todas son interesantes y en ningún momento sientes que te pierdes. Siempre está el referente de los bandidos que se cruzan con esas vidas en un ambiente hostil.
Esto es como beber alcohol de mucha graduación. La lectura es briosa, sin aderezos, así que asequible para todo el mundo. La temática no es para almas muy sensibles, de esto hay que avisar. Aún así, en este infierno humano con una portada que si lo lees es increíblemente acertada en su simbolismo, tienes hasta mensajes positivos casi a lo Coelho (pero pocos, que aquí manda la acción).


Nunca dejaba de asombrarle el hecho de que cualquier día pudieras ir arrastrándote por la calle, hundido en una depresión de caballo, y de pronto pasaba algo pequeño y maravilloso que te cambiaba la perspectiva de todo, que llevaba tu mundo de la oscuridad a la luz y hacía que estuvieras feliz de seguir con vida. Y normalmente era algo con lo que tú no tenías nada que ver…. Hacia un par de minutos se había sentido la persona más desgraciada y solitaria del mundo, y ahora estaba comiendo rosquillas glaseadas de la pastelería Manheim con un hombre al que no había visto en su vida. En la vida solo había que aguantar como fuera hasta que llegaba el milagro” pág. 314

lunes, 26 de junio de 2017

La mujer de púrpura



Jeanette Winterson tiene unos veinte libros a sus espaldas y bastante éxito. No sé cuánto tiempo pensaba que iba a estar sin que la detectase con mi radar pero ya ha sido bastante. Decidí empezar con esta novela gótica suya. Según mis “investigaciones” no es representativa suya o no la mejor, que La niña del faro por ejemplo sí es una obra maestra. Pero es que no es fácil cazar sus novelas en la biblioteca. No llega a los extremos de Lucía Berlín tras la que llevo meses pero no le va mal. Se la llevan en préstamo muy a menudo. Al menos sus novelas más exitosas. Esta no lo es.
La historia de esta historia hace buena la máxima de que los agujeros oscuros de la historia es donde medran los escritores. En el siglo XVII, en Lancashire, Norte de Inglaterra se juzgó por brujería un grupo de mujeres. Una de ellas era Alice Nutter, una mujer que vivía de su trabajo tiñendo ropa de color rojo oscuro. Esta mujer le había caído en gracia incluso a la reina. ¿Por qué la incriminaron? No lo sabemos ni probablemente lo sabremos pero para eso está la literatura. Para que nos lo inventemos. En este caso para que lo haga Jeanette Winterson.
Buena parte de los personajes y los hechos son reales. Salvo esos en los que la brujería es real y estas señoras usan como tratamiento de belleza un elixir que las rejuvenece de viejas a jóvenes en segundos. O esos lugares intermedios entre la vida y la muerte que aparecen más como imagen lírica que cómo realidad o explicación del hecho histórico. Porque eso sí me resulta increíblemente original y hasta inteligente. La novela describe el periodo con una minuciosidad ejemplar y ese realismo detallado contrasta con esos otros pasajes dónde la magia tira por tierra todo el realismo y entramos (aunque brevemente) en el mundo de la fantasía. Lo que no excluye que el lector se pueda montar su propia historia y la convierta en novela histórica realista si así lo desea. A fían de cuentas muchas brujas creían volar en escoba cuando lo que realmente les ocurría es que habían tomado hierbas alucinógenas con efectos similares al LSD que hace tan relativas las distancias, que te hace creer que efectivamente puedes volar. Aquí la brujería está integrada en la historia a pinceladas que bien pudieran tomarse como alucinación. Aunque el camino opuesto, el de dar por válida la magia y admitir que es parte de esta historia también es una solución posible.
Le encuentro un par de pegas no demasiado graves.
La primera es que al principio la sucesión de nombres es tan grande que puede llegar a confundir. Y eso que algunos son personajes históricos y muy conocidos por mí (John Dee el matemático, ocultista, etc. es admirado por el mejor guionista de cómics del mundo, Alan Moore, y conozco mucho sobre su vida y obra). Tenemos a Shakespeare haciendo un cameo con la protagonista. Y a la reina y al rey Jacobo I. Y se nos habla de la conspiración de la pólvora, de cuando varios católicos ingleses (Guy Fawkes, Robert Catesby) quisieron volar el Parlamento de Londres y también matar al rey Jacobo y al resto de parlamentarios protestantes. Guy Fawkes también es célebre para los frikis que leímos o vimos “V de Vendetta” del mismo Alan Moore. La máscara del personaje que también quería volar el Parlamento de Londres y admiraba a Fawkes acabó en la cara de los actuales seguidores del movimiento Anonymous.
Pero vamos, que a pesar de los muchos conocidos que veo, se acumulan los personajes y durante las primeras páginas puede confundir a un lector poco avezado. Recomiendo que no perdáis de vista que el personaje principal es Alice Nuttel y el grupo de brujas que van a quemar y puede que uno de sus amantes. Y que a medida que avanza la novela, se va aclarando la situación.
La otra pega es que es una novela corta pero una historia muy ambiciosa. Me da la sensación de que es un trabajo esforzadísimo el de montar está trama con una época tan bien construida pero que todo transcurre muy rápido, se desperdicia potencial. Para muchos no será una pega. Empiezas y acabas en un par de tardes y te llevas montañas de información.
Porque sí, da la sensación de que se ha cuidado mucho la verdad histórica cuando así lo ha requerido la narración. Todos los personajes son reales y actúan como se conoce que lo hicieron menos cuando se van por el camino de la mano izquierda (el de los demonios y tal, yo eso se lo dejo a Iker Jimenez pero soy más bien escéptico, como dice Alice Nuttel en varios pasajes, no creo en brujas por más que ella… mejor no contar tanto).
Antes hablaba del dualismo realismo-fantasía que se da en la historia. También se da el dualismo cochambre-belleza. Tienes pasajes verdaderamente hermosos al lado de torturas de la Inquisición, escatología maloliente de celdas inhumanas, ratas en abundancia medieval, violaciones, endogamia… Lo peor y lo mejor del ser humano pero yo diría que más de lo primero que de lo segundo aunque ya me parece justo. 
La otra dualidad que detecto es la de las brujas en apariencia terribles sucias y malintencionadas contra la no menor maldad de los hombres que las violan, las chantajean o con la excusa de la religión se excitan torturándolas. Un “hermoso” paseo por lo que da de sí la humanidad y sobre todo su crueldad (más la masculina que la femenina, las brujas no llegan al nivel brutal de los representantes de la ley ni de los religiosos).
Así que una novela más que interesante que augura un futuro en el que regresaré a esta autora para disfrutar sus mejores platos. Este solo ha sido el entrante pero no me ha dejado indiferente. Hubiese deseado que me dejase así en algunos pasajes francamente escabrosos pero es lo que hay, no podemos desviar la vista de la realidad porque si lo hacemos nos engañamos a nosotros mismos.
Jeanette Winterson hace que su personaje se abra paso a través de un mundo con doble moral, hipócrita, opresivo.
Para los interesados-as decir que el lesbianismo de la autora no debió casar bien con el fervor religioso de sus padres y se fue pronto de casa. No debería ser relevante pero estos detalles ayudan a entender a veces lo que sucede en una novela o por qué ciertos personajes actúan de tal modo. Porque alguno de ellos parece un alter ego de la autora y de sus luchas.
Pero vamos, que mejor anteponer siempre la creación artística a cualquier otra apreciación.

La magia es un método-había dicho John Dee-, nada más, y nada menos, que una manera de conseguir que las fuerzas sobrenaturales se hallen bajo el dominio humano.” Pág. 46

Soborno e intimidación…, aunque todo es legal, puesto que lo lleva a cabo la ley.” Pág.144    


Si Alice es una bruja, ¿Cómo puedo amarla? La amaría aunque fuera una loba que le arrancara el corazón. Y se preguntó qué revelaba eso acerca del amor”. Pág. 157

domingo, 21 de mayo de 2017

El ruido del tiempo


                                                            

Julian Barnes siempre ha sido uno de mis autores preferidos de mi generación de autores favorita (nada menos que la generación Granta del 83 con escritores como Ian McEwan, Martin Amis, Julian Barnes, William Boyd y Salman Rushdie). Creo que sólo dudaría entre quién es mejor si pienso en Amis o McEwan. Y aún así hay libros de Barnes que para mí son mejores que alguno de McEwan y que casi todo Amis. “Una historia del mundo en diez capítulos y medio” o “El loro de Flaubert” son parte de su literatura con mayúscula.
No sé si “Nada que temer”, dónde reflexiona sobre la muerte, se puede definir como literatura o ensayo pero sigue siendo un soberano libro dónde su humor inglés se suma a su erudición y te deja elementos suficientes para la propia reflexión y cómo no, para una futura relectura.
Y tras otras novelas, cuentos y lo que quiera escribir este hombre que dice que lo da todo en cada frase (no sé si exagera), me llega su último relato sobre la vida de Shostakóvich, el compositor ruso. A partir de esa noche fatídica en la que Stalin asistió a la representación de su Lady Macbeth de Mtsensk en el Bolshói de Moscú (26 de Enero de 1936), Barnes nos habla sobre el miedo en tiempos de dictadores. Y creo que hace bueno aquello de Vargas Llosa sobre el hecho de que todas las dictaduras se parecen. Porque me parece más de lo mismo. Y por si fuera poco más de un tema muy tratado. Casi a la par que la segunda guerra mundial. En este caso acerca el zoom a un personaje que disgusta con su arte al líder de su país y pasa una vida acobardado y temiendo que lo depuren a Siberia o peor, que lo fusilen.
Pero las páginas, incluso con el estilo al que me tiene acostumbrado este escritor, no consiguen sacarme la sensación de que todo eso sí, vale, bien, muy bien descrito, pero no aporta nada nuevo. Y también nos recuerda sobre los peligros de entrar en aguas tan transitadas. Siempre tendrás lectores que no te perdonarán que les hables de lo que ya se ha escrito más y mejor en otro lugar. O que tu personaje, siendo ruso, piense como un inglés, o que te leas un par de biografías del compositor para construir el personaje pero descuides otras donde dan una visión diferente.
Hace poco hemos visto las terribles polémicas, no del todo justas con Elvira Navarro, sobre su libro que hablaba de Adelaida García Morales. Escribir sobre personajes reales del siglo pasado o este puede atraer a familiares, conocedores, estudiosos que te vengan a destruir la novela. Pero como yo no soy de estos diré que si sabes poco del estalinismo o su comunismo salvaje, la novela puede resultar entretenida. Que la reflexión sobre el autor que se vende o no al poder es lo más objetiva posible (en realidad se decanta por el lado de la comprensión hacia los que se venden a cambio de vivir pero no de un modo descarado).
En tres capítulos claves y muy conocidos de la vida del compositor, se nos resume su vida. Y todos giran en torno a sus miedos, los del autor y probablemente los nuestros.

Una novela correcta. Un bien. No indigna de su autor si vas sin expectativas. Pero una novela que no deja demasiada huella. Y eso es imperdonable. Especialmente si una de las exaltadas palabras publicitarias que te dedica The Daily Express  es “Su mejor novela hasta el momento”. Vale que la publicidad es exagerada pero esta vez se pasaron. Hay que leer al Barnes más antiguo en mayor medida que a este. Si bien el actual pasa bien y no se atraganta.  

martes, 2 de mayo de 2017

Las chicas



Este libro de Emma Cline sorprendió por la madurez de una autora que debutaba. Una escritora joven que escribe su primera novela y lo hace tan bien es como una promesa de futuro. En todas las críticas se señalan algunos fallos menores y luego se pasa a hablar de que en el futuro corregirá lo que ha escrito. Y es cierto que la novela es más interesante de lo que la juventud de su autora o su inexperiencia podría resultar pero la pregunta que me viene a la cabeza es… ¿Cómo la criticaríamos si nos olvidásemos de la edad de la autora o de lo que haya hecho antes? Pues yo lo tengo claro. Le pondría un seis sobre diez. Es un bien alto. Es una historia con los personajes muy bien construidos, con unos objetivos claros y bien expuestos (la fascinación que ejercen sobre la gente joven y perdida las sectas, la relación entre madres hijas que puede llegar a ser muy cruel a pesar del amor, lo que la admiración hacia ciertas personas “peligrosas” nos puede obligar a hacer por ellas, etc.) y largos y difíciles párrafos muy bien resueltos. La novela transcurre tan agradablemente para el lector que en los sentidos comentados es notable. Pero le voy rebajando puntuación porque durante más de cien páginas nos cuenta demasiados asuntos irrelevantes. En realidad casi un tercio de la historia se podría haber reducido. Al menos para mí que admito que al principio me aburrí bastante con algunas situaciones redundantes que tratan de subrayar en exceso cómo es el personaje principal. Es un error muy típico de principiantes escribir más palabras de las que necesitas. Otro error es pasarte con los adjetivos pero a mí en este caso no me molestan.
La historia nos cuenta cómo una chica joven se queda prendada de otra chica llamada Suzanne que vive en una comuna o familia bajo la influencia de Russell (este personaje es Charles Manson con otro nombre, el tristemente célebre psicópata que de pequeño me dio mi primera historia de horror verdadero cuando vi una serie sobre sus asesinatos en la casa de Polanski). En la historia, se deja de lado el morbo y se centra el foco de atención en el por qué de que esta chica tan aburrida con su vida se deja enredar en ese mundo que llevará a los célebres asesinatos. Como también he visto un documental del canal de Historia sobre el asunto casi puedo sentir a la escritora cogiendo su inspiración de una testigo de la “familia” que se quedó fuera de la casa de Sharon Tate mientras Charles Manson y compañía acuchillaban por aquí y por allá al personal. El documental da voz a esa testigo y tenemos la historia desde su apesadumbrada voz. Ese documental me hizo pensar en Eve, el otro personaje relevante de esta historia, la chica que fascina a su narradora. Su discurso es algo como “me sentí fascinada, amaba a la secta, me dieron un lugar en el mundo pero lo que hicieron estuvo mal”. Sólo que en esta historia es más como “quería la aprobación de Suzanne, la adoraba, haría lo que fuera por ella”. Y Russell-Manson, el asesino, queda en segundo plano.
Si no conoces nada sobre los crímenes de la “familia” Manson querrás ampliar información. Si los conoces, los verás desde un lado alternativo. Curioso en cualquier caso.


Por aquel entonces, yo estaba siempre pendiente de la atención de los demás. Me vestía para generar amor, me bajaba un poco el escote, adoptaba una mirada melancólica cuando me mostraba en público, una mirada que insinuaba muchos pensamientos profundos y prometedores, por si acaso a alguien le daba por echar un vistazo.”pág.29 

lunes, 17 de abril de 2017

Estimado señor M.





Hace tres años leí “Tres noches” de Austin Wright, un libro de los años noventa que recuperaron en dos mil diez. Era un libro fascinante. Metaliteratura de la buena. Había dos líneas de acción. La de la familia que tiene un encuentro en la noche con unos matones y la del escritor que está escribiendo una novela con el argumento de una familia que tiene un encuentro con esos matones. El escritor le entrega esa novela a su ex. Esta lee el libro y trata de separar la ficción de lo real. Tanto si te interesa como si no te interesa el argumento te aseguro que su desarrollo era inteligente, adictivo, original… podría seguir.
Y ahora, leyendo esta novela he recordado aquella porque vuelve a tratarse de metaliteratura y hay intriga, inteligencia, una buena estructura… Aunque el tiempo pondrá a cada uno en su sitio y seguramente me quede con el desaparecido Wright.
Aún así a esta novela no le falta su miga. Es del holandés Herman Koch y yo ya le seguía por “La cena” y “Casa de verano con piscina” que en su momento me hicieron reír pero también me hicieron pensar.
Aquí la historia va de un narrador en primera persona que parece dirigirse a un tú que no es el lector. Le habla en su mente o le escribe o ya luego le habla en persona. Es su vecino, M., un escritor de perfil medio cuyo mayor éxito fue una novela que escribió sobre dos adolescentes que hicieron desaparecer a su profesor. En aquella novela el profesor, Jan Landzaat se lía con la adolescente Laura pero esta se cansa rápido y acaba con su compañero Herman. En un fin de semana aparece el profesor para pedirle patéticamente explicaciones a Laura y luego desaparece. Les echan la culpa de la desaparición a los adolescentes pero como no hay pruebas no hay crimen. En la novela del señor M. los adolescentes son claramente responsables de la desaparición. En la realidad… ya tenemos la intriga montada. Debemos averiguar quién es el narrador y qué quiere. Tenemos un largo capítulo que es prácticamente esa novela de la que se habla encajada en el centro de la novela que tenemos en las manos. Cotejamos la realidad con lo que se escribe. Asistimos a la vida de un escritor y sobre todo a sus miserias. A veces el mundillo literario y sus mezquinas gentes me recuerda el de los poetas de “Ávidas pretensiones” de Aramburu sólo que sin hipérboles, el del holandés es más mesurado en ese sentido.
Casi todo el libro se resume en la contraportada pero al final aún hay una sorpresa que no esperamos aunque eso es lo de menos. El disfrute aquí está más relacionado con  el mundo de los escritores y con todos los trapos sucios que Herman Koch saca a la luz (nótese que uno de los personajes se llama como él aunque es más fácil imaginarle como el señor M., el escritor). 
Un auténtico artefacto de intriga y reflexiones que a pesar de todo baja un poco el listón en la para mí, nada interesante historia central de instituto y niñatos pero que aún así, se recupera enseguida y lo cierto es que no te permite dejarlo. Este hombre es como el eslabón perdido entre la buena literatura y la literatura de género o best-seller. Aunque creo que más cae del lado del mainstrean, su calidad como escritor está en el lado correcto. Y si no, lean los anteriores libros que incluyo arriba. Son incluso mejores. O eso, o es que después de hacerlo tan bien, para mí ya solo podía bajar.
Para escritores en ciernes o para escritores ya consagrados. Para escritores.

Dicen que para la mayoría de los escritores todo está fijado, que después de cierta edad ya no se acumulan nuevas experiencias” pag.36

“Ni en “El año de la liberación” ni en “Ajuste de cuentas” se deja nada a la casualidad. La casualidad hace que tanto escritor como historia pierdan credibilidad, y usted es tan consciente de ello que en sus libros se asegura meticulosamente de que cada consecuencia tenga su causa” pag.75

“Antiguamente las bibliotecas eran espacios polvorientos y de recogimiento, piensa; hoy todas intentan parecer la terminal de salidas de un aeropuerto.” pag. 97


lunes, 27 de marzo de 2017

MAN



Hace años, unos amigos míos visitaron Vietnam. No sé el recuerdo o el conocimiento que les reportó su visita. Yo no he estado nunca tan lejos. Más que el esfuerzo de hacer maletas, me costaría el esfuerzo de superar varias horas de fobia al avión (por eso tolero mejor los viajes aéreos a Europa, el pavor no llega a agotarme, antes de que me dé cuenta ya estoy en tierra). Pero como soy un friki de la literatura (y de los comics, el cine, la música… un friki punto y aparte) puedo viajar a muchos sitios sin moverme de casa. A muchos les parecerá menor el uso de la imaginación para emprender aventuras pero yo me pregunto, una vez leída esta novela… ¿Qué diferencia hay entre el recuerdo que tendrán mis amigos de su viaje a Vietnam y el que yo tengo de las costumbres de Vietnam? ¿Quién conoce mejor el país? ¿Ellos que se pasearon por los lugares turísticos y programados o yo que me he paseado por la mente de Kim Thúy, la escritora autóctona que me cuenta sus historias? Como no es una competición lo voy a dejar así.
Esta novela es ideal para la editorial Periférica. Una vez más se decantan por la estructura original y la ruptura de la historia Inicio, nudo, desenlace… No hay una narración lineal. La escritora nos cuenta su vida en su Saigón y su posterior trayecto hasta Montreal y su exilio allí. La dureza de su Vietnam y sus historias fuertes (todas las historias como las de los dictadores se parecen, compiten entre ellas para ver cuál es la más horrible) se cotejan con las de Montreal donde se casa con el propietario de un restaurante Vietnamita. Su vida occidental es infinitamente más amable que su vida en oriente. No es muy sorprendente. La gente suele emigrar por ese orden o más bien en esa dirección. Oriente está muy castigado y no todo el mundo se resigna a que le pisen la cabeza y decide abandonar su tierra aunque nunca lo hagan del todo. Thúy cuenta su historia a base de párrafos que son como capítulos pues vienen introducidos por una palabra vietnamita y su traducción. En cada uno de estos fragmentos un plato de cocina le evoca un recuerdo que nos va dando una pista nueva sobre su pasado. No hay un conflicto claro que te enganche así que esto no es más que una especie de retrato que acabas entendiendo más o menos cuando acabas la novela. El estilo es lírico y en ese terreno es dónde la novela se mueve mejor ya que se trata de una buena escritora. Hay pequeñas historias que relacionadas entre ellas por la voz de la narradora hacen que tu montes el puzle a tu manera en tu cabeza y prácticamente sea el lector quien acabe la novela. Muy Periférica, ya lo he dicho.
La escritora me cae bien, es inteligente, sabe seleccionar bien sus platos y condimenta con anécdotas adecuadas lo que escribe. Sus personajes son tan creíbles que probablemente sean reales o sigan muy de cerca a gente que ha conocido. Sólo echo en falta de vez en cuando ese conflicto. Creo que las novelas pueden ser tan ambiciosas que aún estando enamoradas del estilo no renuncien a desarrollar una historia que te atrape. Esto último no sucede aquí. Tal vez la situación de amor y adulterio que no voy a spoilear por aquí sea ese conflicto que busco, pero es tan breve y tardía que no da para decir que esto sea otra cosa que una mini-historia más dentro del plano general.
Por último decir que la novela es corta así que tampoco aburre.
Espero haber dado una idea de lo que te puedes esperar. Me consta que esta narración no es para todos los públicos pero sí merece la pena para escapar ocasionalmente de los trillados caminos de lo convencional. Y ahora sí, me vuelvo a Inglaterra o a Norteamérica (desde mi sillón español, claro). Pienso seguir picando platos exóticos. Aunque acabe regresando a dónde ya sabéis si leéis mucho por aquí(al lugar donde medio país se apuntó al Brexit pero la botella medio llena dice que otro medio no).
    
Las tradiciones culinarias se transmitían en secreto, como trucos de magia que pasasen de maestro a aprendiz, un gesto por vez, según el ritmo cotidiano. Pág.10   

En el sur de Vietnam nunca hablamos del tiempo. Nunca hacemos comentarios, quizá porque no hay estaciones, no hay cambios, como en esta cocina. Pág. 33 (¿De qué hablan en los ascensores vietnamistas?)     


“…Mamá, que me recordaba que el éxito atrae al rayo y que por eso los recién nacidos especialmente bonitos recibían apodos espantosos… Si no, llamarían la atención de los espíritus errantes celosos, capaces de lanzar maleficios.” Pág. 109

lunes, 6 de marzo de 2017

La mano invisible



Hace años, en uno de esos muchos trabajos que he tenido y me han dado pesadillas y a los que llamaba alimenticios pero en realidad todos lo son porque todo trabajo es para darte de comer salvo los que haces por gusto pero entonces ya son aficiones o pasiones, soñé toda una noche que trabajaba, tuve la sensación de que hacía un turno perfectamente descrito con sus minutos y tiempos y con la sensación de que había durado las mismas ocho horas que duraba el trabajo real. Al día siguiente tenía la sensación de que había trabajado un turno doble. O de que había despertado de una pesadilla para empezar otra peor. El sueño era malo pero la realidad me parecía peor porque se continuaría hasta que decidiera acabar ese trabajo (afortunadamente me echaron y tuve trabajos que raramente fueron peores, da igual, el trabajo mencionado era algo de fábricas, me dan alergia los trabajos mecánicos, rodeados de machos o de mujeres de papel sobre calendarios, olor a humos o a líquidos del lado de la tabla periódica más nocivo para mi salud, yo no podía estar mucho tiempo en un sitio así ni por dinero).
Y este libro me ha recordado a esos trabajos. Una novela dónde cada capítulo te describe hasta lo obsesivo la faena de un personaje. Le vemos trabajar línea a línea. El escritor nos vuelve albañiles, administrativas, vigilante, informáticos, camareros, carniceros… Los personajes interactúan levemente entre ellos, hay como un misterio por resolver en la novela pero no os hagáis ilusiones con eso porque esto es literatura de premio que es como decir que el trabajo de resolverlo todo no solo no te lo van a dar mascado sino que tal vez ni te lo den, te quedarás en un lugar más o menos cerrado o abierto, según veas las cosas y a otro asunto.
Y sí, sé que mucha gente no apreciará estos terrores que tan bien nos desbroza Isaac Rosa en “La mano invisible” y que probablemente se aburrirá pasando páginas de trabajo y trabajo sin historia en la que apoyarse o aliviarse, sólo sufriendo el tedio de los trabajadores en carne propia o dejándose caer en la sensación de la cita que abre el libro:

Y no creas que esto me ha suscitado impulsos de rebelión. No, sino todo lo contrario, la cosa que más lejos estaba de imaginar: la docilidad. Una docilidad de bestia de tiro resignada. Me parecía que había nacido para esperar, para recibir y ejecutar órdenes; que toda la vida no había hecho más que esto, que nunca haría nada más.
Simone Weill,
Carta a Albertine Thévenon

Pero sus frases largas y repletas de subordinadas que abusan de las comas y hasta del ocasional punto y coma son hipnóticas, me recuerdan los paseos de monólogo de la literatura de Bernhardt. Pero  este da vueltas sobre la misma queja mientras que Isaac Rosa tiene más bien la intención de ser exhaustivo y de explicar todo lo que ha aprendido sobre el mundo que nos describe. Y vaya si se documenta. Nivel Foster Wallace de aporte de datos (aunque sin notas a pie de página ni humor surrealista, Isaac Rosa tiene su propia voz, te guste o no). A mí lo que tal vez me ha hecho terminar el libro sin dificultades y con más placer que padecimiento ha sido la cadencia de su prosa. Porque escribe muy bien. Ciertas voces de ciertos blogs dicen que sus otros libros eran mejores. Tal vez yo he entrado por la puerta equivocada y tal vez lo hagas tú si entras en su mundo por “La mano invisible” pero por si acaso es un escritor a seguir. Si los otros “son mejores”, cómo serán. 
De aquí se sale asustado, a veces aburrido y sobre todo muy deprimido. Pero también un poco más sabio. Esto es sobre lo peor de nuestro primer mundo. No siempre será tan malo como nos lo describe pero seguro que lo es en más casos de los que pensamos.

Sinceramente no creo que exista nada que se pueda definir como primer mundo. Pero me voy a descansar.